Herederos de hipotecas
Cuentan que hasta no hace mucho ser un trabajador de la banca era el gran chollo, superando con mucho a los funcionarios o a esa especie “rara” de trabajadores por cuenta ajena con contratos blindados.
Trabajar con horario ajustado y llegar a jubilarte no más allá de los 55 años, sin duda alguna, es un sueño no fácil de alcanzar para el asalariado. Antes, su productividad se medía, básicamente, por el nivel de domiciliaciones de nóminas o por el control exhaustivo de la morosidad. Además, la llegada de los tipos bajos permitió alargar los plazos de las hipotecas, con amortizaciones que permiten endeudarse, incluso, durante toda su vida laboral. Fáciles de vender. Ahora, el trabajador bancario tiene un hueso duro que roer, convencer a los jubilables, los mayores de 65 años, que no hay mejor forma de utilizar sus escasos ahorros que formalizar una hipoteca perdurable durante generaciones y que sus descendientes puedan heredar. Una labor, sin duda, poco envidiable.
